Opinión

Cienfuegos: política y datos duros

RAZONES

Por  Jorge Fernández Menéndez

Cienfuegos: política y datos duros

Cienfuegos: política y datos duros


La suma de inconsistencias que incluye la denuncia de la DEA contra el general Salvador Cienfuegos ya se pondrán de manifiesto en el juicio que inevitablemente tendrá que sobrellevar el exsecretario de la Defensa.

La más notable, como hemos dicho, es la supuesta complicidad con un grupo menor y en vías de extinción en el mundo del narcotráfico, los llamados H2, aniquilados, como sus antecesores, los Beltrán Leyva, por las propias fuerzas militares. Se ha dicho que los Beltrán Leyva no fueron objetivo prioritario de la pasada administración y que los H2 sufrieron pocos ataques en comparación con los cárteles de Sinaloa o de Jalisco, pero la verdad es que para las fechas en que la DEA dice que Cienfuegos estuvo relacionado con los H2, tanto éstos como los Beltrán Leyva habían sido destruidos. Los H2, un grupo menor que cometió todo tipo de atropellos en Nayarit, con alguna presencia en Mazatlán, terminarían su historia con la muerte de su líder en Tepic, en 2017, abatido también por fuerzas militares.

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Además, qué sentido tendría que un militar que ocupa el más alto rango de la fuerza, dos años de su retiro, luego de medio siglo de carrera, con su futuro económico resuelto, con prestigio dentro y fuera de la institución militar, con magníficas relaciones en México y en Estados Unidos, haya decidido proteger a un cártel de tercer nivel a punto de su destrucción. Menos aún que haya hecho, en apenas año y medio, “miles de comunicaciones” con sus supuestos cómplices por un blackberry sin encriptar. Y no hablemos de los supuestos sobornos que no aparecen en sus cuentas por ningún lado.

Nada de esto se puede comprender si no se entiende lo que está en juego en términos de relación con el gobierno de Estados Unidos luego de cuatro años de profundo temor diplomático de los gobiernos, tanto de Peña Nieto como de López Obrador, ante la administración Trump. Hemos exhibido debilidad ante Trump, y éste (y sus agencias y funcionarios) nos lo han cobrado, una y otra vez.

Durante su campaña de 2016, fue recibido en Los Pinos en un lamentable episodio diplomático que tuvo y seguirá teniendo un alto costo en la relación con el Partido Demócrata. Con López Obrador en el gobierno, las durísimas denuncias que había hecho el candidato en campaña (ahí está el libro Oye Trump, publicado en 2017) se tornaron alabanzas.

Poco después de la toma de posesión de Trump, cuando Andrés Manuel todavía andaba en campaña, sostuvo en una gira por Coahuila, que había que poner sobre la mesa los asuntos que le interesaban al pueblo de México, “nada de irse a tomar la foto, porque eso no ayuda, y que siga avanzando el clima de incertidumbre o de amenaza contra México. Que de una vez se defina qué es lo que queremos los mexicanos en cuanto la relación con Estados Unidos, una agenda muy clara, que se ponga esa agenda, repito, sobre la mesa”.

Pues bien, a punto de concluir la administración Trump, si es que como lo indican las encuestas Joe Biden será el próximo inquilino de la Casa Blanca, esos temas nunca se han puesto sobre la mesa y en cambio hemos permitido una injerencia cada vez mayor de la Unión Americana en nuestra agenda interna.

El caso más evidente lo hemos visto en la migración. Por supuesto que, como hemos dicho muchas veces, era imposible sostener la política iniciada por la actual administración de fronteras abiertas a la migración pero en días, después de una amenza pública de Trump, pasamos de la apertura a convertirnos, como diría el propio Trump, en el muro fronterizo que él no pudo consruir: miles de elementos de las fuerzas de seguridad controlando la frontera para evitar que esos migrantes ingresen a Estados Unidos, jugando el papel, en los hechos, de tercer país seguro, manteniendo en México a los migrantes y solicitantes de asilo que Estados Undios no quiso recibir.

A la política antiinmigrante de Trump, que castigó una y otra vez a nuestros paisanos, se la ignoró y en cambio en la visita del presidente López Obrador a la Casa Blanca se lo terminó elogiando, a un nivel tal que esas frases las ha usado Trump en su campaña electoral. Y para colmo, ahora el embajador Cristopher Landau ha advertido, sin datos que lo confirmen, sobre el incremento de la migración de mexicanos a Estados Unidos.

Pero el acoso no ha cedido. Estados Unidos no avisó a México de la investigación y la detención de García Luna, tampoco de la detención de Cienfuegos, en el juicio del Chapo se habló todo el tiempo de las complicidades en México del capo, pero cuando se quiso hablar de las que le permitieron extender su red en la Unión Americana, la fiscalía y el propio juez lo prohibieron.

Hemos perdido una línea histórica que, con altas y bajas, siempre fue positiva para el país: la exigencia de colaboración y de respeto en la lucha contra los grupos criminales, asumiendo que se trata, por lo menos, de und esafío binacional. Han decidido operar sin consultar ni colaborar con nuestro gobierno, existe la tentación de tratar de subordinar militarmente y en términos de seguridad a México y tendremos, si esto no cambia, muchas sorpresas en el futuro. Y no necesariamente basadas en datos duros sino en decisiones políticas.

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